Los binomios caninos del Ejército Mexicano se han consolidado como una de las principales herramientas para la atención de emergencias y desastres naturales, gracias al entrenamiento especializado que reciben tanto los perros como sus manejadores para actuar en escenarios de alto riesgo.
El reciente caso del perro rescatista Max, quien regresó lesionado a México tras participar en las labores de rescate por los terremotos registrados en Venezuela, volvió a poner en evidencia la importancia de estos equipos en operaciones nacionales e internacionales.
Los binomios caninos intervienen en la búsqueda de personas desaparecidas, localización de sobrevivientes entre estructuras colapsadas, detección de explosivos, rastreo de sustancias ilícitas y diversas tareas de apoyo en materia de protección civil.
El proceso de formación de estos perros comienza desde temprana edad. Generalmente ingresan a los centros de adiestramiento cuando tienen alrededor de cuatro meses de vida, donde reciben entrenamiento para desenvolverse en edificios colapsados, espacios confinados y ambientes con altos niveles de ruido.
Durante su preparación también fortalecen el vínculo con su manejador, una coordinación indispensable para responder de manera eficiente durante operaciones de rescate, donde cada segundo puede representar la diferencia entre la vida y la muerte.
La participación de los binomios mexicanos en Venezuela ha permitido el rescate de personas atrapadas entre los escombros, además de reforzar las labores humanitarias que continúan desarrollándose en ese país tras los sismos que dejaron miles de víctimas y cientos de edificios colapsados.

